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  • Inty Grønneberg

Diseñar para redistribuir

Las políticas de gobierno que se usan en un país definen su presente y se encuentran definidas en su estructura fundamental por nociones que, muchas veces, se piensan como leyes inmutables. La realidad es que ese tipo de legislación se basa, en gran parte, en fundamentos erróneos que no nos atrevemos a cuestionar.


Una de esas ideas es que, para crear desarrollo económico, las naciones tienen que ser capaces de superar el dolor social de la inequidad, si es que desean generar una sociedad más próspera para todos. Bajo esa premisa, los países asumen que es “normal” tener una enorme diferencia entre pobres y ricos, y que, en algún punto, esa diferencia va a disminuir mediante la generación de riqueza de los quintiles más altos.


Motivados por ese principio, gobiernos neoliberales y organismos multilaterales justifican medidas de austeridad, las cuales afectan a las clases populares mucho más que a los grupos de mayores ingresos, con plena conciencia de quienes las promueven. Sin dolor, según sostienen, no habría ganancia.

La realidad basada en datos y no espejismos dista mucho de estas creencias. El crecimiento, o no, de la desigualdad es un error de diseño y es resultado directo de las políticas de un país. Este equívoco genera repercusiones graves, las cuales ponen a naciones enteras aún más lejos de un modelo de progreso y justicia social.


Estudios sobre este tema demuestran que, previo a la pandemia, la brecha entre pobres y ricos en países desarrollados llegó a su nivel más alto en treinta años. En naciones de renta media en cambio, la inequidad se ha mantenido, salvo honrosas excepciones. El ideal de que la desigualdad entre clases sociales disminuye a medida que la riqueza de los quintiles más altos aumenta, independiente del tipo de país, es solo una fantasía que se imagina en los sectores más conservadores – y pudientes – de las sociedades.


La verdad es que es posible luchar por generar crecimiento con equidad, permitiendo una vida de dignidad, oportunidad y cooperativismo. Para ello se necesitan gobiernos que diseñen modelos que permitan redistribución y progreso, con nociones sobre desarrollo de vanguardia, como las propuestas por Kate Raworth y Mariana Mazzucato, economistas europeas que con su trabajo académico están desnudando los espejismos que rigen nuestra realidad.

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