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  • Inty Grønneberg

Los retos para la clase política en el 2022


El inicio de un nuevo año se presenta como una oportunidad para reflexionar sobre los retos que se nos vienen por delante. La gran mayoría de los ecuatorianos, por ejemplo, probablemente aspiren a poder tener una fuente estable de ingresos que les permita vivir sin contratiempos graves. Por otra parte, gran parte de los empresarios quizás busquen evitar la quiebra y mantener sus negocios luego de dos años bastante complejos, producto de la crisis económica y la pandemia que continúa. Finalmente, para los representantes del pueblo ecuatoriano, en cuyas manos se encuentran las decisiones que nos podrían permitir la tan anhelada recuperación económica ¿Cuáles podrían ser sus retos y metas para el 2022?


El año que terminó dejó a la clase política del país cada vez más atrincherada en sus espacios de poder. A pesar de que, en el inicio del periodo, tanto del poder Ejecutivo como del Legislativo, se pudieron ver unos cuantos intentos de llegar a alianzas y acuerdos, terminamos el año con una ruptura casi total en las discusiones entre grupos políticos (al menos los que son de conocimiento público). No solamente que las agrupaciones partidistas hablan cada vez menos entre ellas, sino que además dentro de cada movimiento empiezan a salir a la luz sus roturas internas.


En este sentido y parafraseando la pregunta inicial: ¿cuál podría ser uno de los mayores retos para la clase política del Ecuador en el 2022? Probablemente sea lo que les enseñamos la gran mayoría de ecuatorianos a nuestros pequeños hijos cuando ellos tienen diferencias con otros niños: aprender a dialogar sin irrespetar al otro y buscar consensos.


Si nuestros políticos quieren en verdad encontrar e implementar soluciones que nos permitan resolver las grandes preocupaciones de nuestra sociedad, como el desempleo, la inseguridad, la pobreza o la corrupción, lo primero que deberían esforzarse en hacer es dejar la inmadura posición actual de la satanización del otro y lograr, por lo menos, empezar a desterrar el odio que existe en la política actual. Ningún país progresa dividido, más aún en tiempos de crisis, en la cual aún continuamos, aunque el Gobierno del Encuentro busque con cierta ilusión hacernos creer lo contrario.


La misma meta podría aplicar para quienes empiezan a calentar motores en este año electoral, porque en este país pareciese que siempre vivimos en campaña. En las seccionales, en ciudades tales como Quito, podríamos tener una vez más una papeleta bien extensa, lo cual derivaría en una flamante autoridad local con poco apoyo en el Consejo Metropolitano y, por ende, con una división desde el inicio que no le permita ejercer su cargo de forma eficiente.


Quizás en el nuevo año y para la política ecuatoriana, que tal vez todavía sigue pensando en los deseos del 2022, le vendría bien recordar las palabras del socialdemócrata alemán Willy Brant: “No somos elegidos por Dios, sino por el electorado, por lo tanto, buscamos el diálogo con todos aquellos que ponen esfuerzo en esta democracia”. Así de simple; probablemente es hora de pensar que no son los elegidos de la divinidad, sino del pueblo, que espera que puedan encontrar de forma madura el camino en democracia para que todos podamos salir adelante.

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