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  • Inty Grønneberg

No mires hacia arriba porque viene el aluvión


Hace pocas semanas, la película llamada “Don’t Look Up” (No Mires Hacia Arriba), ponía en el debate público internacional y local la cruda realidad de nuestros tiempos modernos: a pesar de la gran cantidad de avances en la ciencia e investigación, generando información basada en evidencia sobre varios problemas que aquejan a la humanidad, como el Cambio Climático, los tomadores de decisiones siguen haciendo caso omiso a dichos datos, muchas veces preocupados del inmediatismo y su popularidad. El planificar no da votos, según la visión política cortoplacista de estos tiempos.


En ciudades como Quito, la ficción de esta película es una triste realidad. Quienes viven en la capital se han acostumbrado a mirar hacia arriba y ver cómo poco a poco va desapareciendo el bosque protector de las laderas del Pichincha, y en lugar de la naturaleza se van generando asentamientos o proyectos de cualquier tipo.


Sobre las consecuencias de esa destrucción, los académicos también han mirado hacia arriba y han generado información durante varias décadas que debió ser usada de forma eficiente para evitar catástrofes como lo sucedido en el barrio La Gasca de la capital el día de ayer, que hasta la escritura de este artículo deja un saldo de 22 fallecidos. El mapa de riesgos de Quito, por ejemplo, señala al barrio de la tragedia desde hace 40 años. Uno de los principales factores fue el haber rellenado las quebradas aledañas al sector, que eran el drenaje natural de las laderas de esa parte del Pichincha.


El problema no queda ahí. La deforestación de las laderas, así como el cambio de su cobertura natural por monocultivos, o especies como el eucalipto, reducen la capacidad del suelo de tener una suerte de capa de protección con vegetación de especies nativas, lo que está reduciendo gravemente la capacidad originaria de las laderas de reducir deslaves hacia los barrios de la ciudad.


Para colmo de males y mientras Quito sigue subiendo, rellenando quebradas y destruyendo los ecosistemas, el cambio climático hará que aluviones como el de ayer sean más frecuentes y también más intensos. Según estudios del INAMHI, desde 1960 hasta el 2010, se registró un incremento de las precipitaciones en la capital de alrededor de un 13%. Esta tendencia continuará en aumento.


Enfrentar este y varios problemas requiere una nueva visión de la clase política capitalina, así como ecuatoriana. Requerimos representantes más alejados del show mediático y de sus conflictos por intereses particulares, para que se encuentren más cercanos a la academia y los especialistas que conocen de cerca los problemas de nuestra sociedad y sus posibles soluciones. Necesitamos menos todólogos y odiadores que cada cuatro años vienen a refundarlo todo, haciendo que vivamos en una constante incertidumbre. En lugar de ellos, necesitamos urgentemente más gobernantes que planifiquen y mantengan una hoja de ruta clara, más allá de los vaivenes de los partidos políticos en el poder.


Si seguimos en este camino en el que nos encontramos ya varias décadas, vamos a vivir en ciudades donde digamos “No mires hacia arriba porque viene el aluvión”. Simplemente hay que decir basta de una política cortoplacista y ciega, que no planifica y no genera orden usando los datos e información que la investigación y la ciencia produce para el bien de todos.

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