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  • Inty Grønneberg

De fabricar pobreza a crear progreso



Cuando analizamos a la historia del Ecuador y su lucha por el desarrollo, sin sesgos y desde una visión técnica sobre el tema, es posible concluir que los tomadores de decisiones nunca entendieron de forma plena el concepto de progreso que la civilización había trazado. Aunque incompleto, ese modelo es el de la industrialización, el cual, a través de sus cuatro revoluciones, nos ha traído hacia la actualidad en que vivimos.


Los liderazgos se quedaron muchas veces en la crítica a esta propuesta, como si existiese algo perfecto, y más bien lograron que terminemos rezagados, entre el miedo generalizado, los conflictos internos, o el fallido anhelo de crear una nueva noción.


Se pensó equivocadamente que esta nueva era tenía como objetivo solamente la generación de capital, cuando también se enfocaba en la creación de nuevas plazas de trabajo para una población creciente. Los procesos de fabricación se volvieron la columna vertebral de los países ahora llamados industrializados, los cuales han podido transformar en muchas formas sus matrices productivas hacia las sociedades tecnológicas.


Así, nuestro país, desde su inicio republicano hasta la actualidad, como consecuencia ha tenido problemas en la creación de empleos dignos y plenos, que permitan a la población económicamente activa poder tener un rol meritorio, con oportunidades de crecimiento y en función de su esfuerzo. Aún seguimos sin rumbo.


Para salir del ciclo de subdesarrollo, Ecuador debe lograr un consenso, alineado con la nueva era. El paradigma de progreso será trabajar colectivamente hacia la industrialización inclusiva y sostenible, lo cual tiene como base la creación, transformación y crecimiento de emprendimientos y pequeñas empresas, que tengan una fuerte visión de inclusión social e impacto ambiental mínimo, además de ser capaces de generar nuevos productos y servicios de forma estratégica, en mercados no saturados y de crecimiento probado a nivel local y global.


Para ello, el rol del Estado es fundamental, mediante un modelo de país que nos permita la reinversión adecuada de los recursos en un ecosistema de emprendimiento e innovación eficiente. Solo así el Ecuador resurgirá desde la fábrica actual de pobreza, hacia el futuro de progreso inclusivo y en creciente armonía con nuestro planeta.




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