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  • Inty Grønneberg

De los “vendedores de humo” al proyecto colectivo


En naciones como la nuestra, existen costumbres colectivas que dificultan los procesos de transformación profunda, manteniéndonos en el subdesarrollo. Dentro de esos hábitos, se encuentra uno verdaderamente desastroso: el caer en el facilismo, dejarnos ilusionar por encantadores especializados en vendernos humo para llegar al poder.

Esos magos que, a vista y paciencia de todos, se aprovechan del desconocimiento y la necesidad de los grupos más vulnerables, para dar rienda suelta de su adicción al poder. Entre ellos sobresalen dos tipos: Los prestidigitadores políticos y los milagreros del privilegio.

Los primeros desarrollan una manipuladora habilidad para encantarnos con individualismos y frases vacías. Son quienes en tiempos de campaña salen disfrazados, con vestimentas que no usan en su día a día, vociferan estribillos desgastados: “volvamos la mirada al agro”, sin siquiera haber investigado cómo, o nos hablan de que megaproyectos como la extracción y venta de las “riquezas” de nuestra tierra nos van a sacar de la pobreza.

Los segundos en cambio, son fantásticos para amagar y ocultarse entre la gente. En épocas de bonanza, se mantienen enfocados en amasar fortunas. Pero en tiempos de vacas flacas, esconden hábilmente lo que tienen amontonado y se unen apresuradamente a la clase media. Escandalizan al país en lugar de reinvertir algo de lo acumulado durante generaciones. El objetivo real es, en ambos casos, secuestrar el poder, dar otro manotazo a los recursos públicos, repartir privilegios.

El resultado es que, a lo largo de nuestra historia, en lugar de progresar, nuestra sociedad es una de las más inequitativas del mundo. La riqueza se termina acumulando en pocas manos, por la codicia en lo privado, junto con la corrupción en lo público. La historia de nuestro país está llena de ejemplos: monopolios en el agro, oligopolios en la exportación, deshonestidad en el manejo de los fondos públicos. El Ecuador parece caminar en círculos.


Es tiempo de dejar atrás para siempre esta costumbre: la crisis nos obliga a cambiar. Debemos superar nuestra adicción a los vendedores de humo, auténticos magos de la acumulación. Tenemos que ser capaces de construir y apoyar un proyecto que busque el progreso colectivo, el combate a la desigualdad. Solo así dejaremos de ser una fábrica de pobreza, para avanzar hacia un Ecuador con un modelo de desarrollo inclusivo y sostenible.





Publicado originalmente por Diario EL TELÉGRAFO bajo la siguiente dirección:https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/columnistas/15/proyecto-colectivo

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