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  • Inty Grønneberg

¿Debate?


Quizás una de las preguntas más recurrentes que muchos nos hacemos esta semana es si en verdad existirá debate en esta primera vuelta. Hasta la fecha, hemos presenciado tres eventos, incluido el último organizado por el CNE, al cual todos los candidatos debieron asistir de forma obligatoria. Todos estos encuentros en teoría fueron pensados para que los electores puedan presenciar discusiones de alto nivel sobre las propuestas de campaña.


Siendo crudamente objetivos, lo más probable es que no exista debate, y una de las principales razones es el inusitado número de candidatos. A pesar de que existen amplias similitudes entre varios cuadros y sus respectivas visiones de desarrollo, los partidos políticos del país, cuya credibilidad según los últimos sondeos es inferior al 5%, nos demostraron que mientras todos hablamos de la necesidad de colaboración para sacar al Ecuador de la que quizás es la mayor crisis desde el retorno a la democracia, en la práctica no fueron capaces de lograr consensos y generar propuestas en conjunto. Por eso empezamos mal estas elecciones.


Como resultado, hemos tenido que visualizar interminables horas de estribillos aprendidos de memoria (en los mejores casos), de lo cual se puede resaltar, al menos, la capacidad de síntesis de unos pocos. Las pequeñas luces que pueden darse en respuestas de dos minutos se difuminan luego de escuchar las decenas de propuestas. Es casi como ir en busca de alguna información, y terminar perdido en la inmensidad de opciones que nos puede ofrecer el universo digital.


Si un ciudadano busca ejercer su derecho a sufragar con responsabilidad, tendría que leer cientos de páginas de propuestas (considerando que nuestro país cuenta con un bajo índice de hábitos de lectura, como también de comprensión lectora); muchas de estas propuestas ni siquiera los propios candidatos las conocen, porque no participaron en la elaboración de las mismas, o en casos aún peores ni siquiera tenemos la certeza de que se preocuparán por cumplir, en caso de ganar la voluntad popular.


La decadencia política ha llegado a su clímax en estas elecciones; al punto de que incluso los debates han desparecido. La decisión fruto del baratillo de ofertas puede terminar en los memes que se generan, en este Ecuador postmodernista, donde la realidad política supera la ficción, y los ecuatorianos somos espectadores día a día de la demagogia y del discurso vacío. La pregunta es: Los debates ¿Cumplieron su objetivo?

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