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  • Inty Grønneberg

El pensamiento cortoplacista y el poder que refunda todo


En Zaruma, durante ya varias décadas, enormes socavones se abren cada cierto tiempo en la mitad del pueblo, engullendo así cualquier cosa que hubiesen encontrado a su paso. La última vez sucedió hace pocos días, destrozando un total de tres viviendas, generando una enorme preocupación local y, además, un momentáneo revuelo a nivel nacional.


Como en ocasiones anteriores, la consternación en el país va mutando hacia una suerte de resignación colectiva. Al mismo tiempo, el Gobierno de turno pasa a tomar medidas temporales que no han funcionado antes, como por ejemplo el militarizar (una vez más) al sector, para calmar la opinión pública. Al final, el problema de Zaruma se va quedando sin solución, mientras los ecuatorianos enfocamos nuestra atención en el siguiente escándalo, quedando solamente un sinsabor de que el pueblo calificado como Patrimonio Cultural del país terminará algún día colapsando, producto de un problema tan complicado que parecería no tener solución. La crónica de un desastre anunciado.


Así, con el paso del tiempo, el país va sumando problemas complejos que llegan a sobrepasar la capacidad de nuestros representantes, quienes más bien, por otro lado, se dedican a surfear el inmediatismo de nuestra realidad, atascada por siempre en sus vías de desarrollo. Todo lo que no se pueda resolver durante sus periodos en el poder, pasa a segundo plano. El inconveniente para los ecuatorianos es que esos intrincados problemas son los que en verdad terminan siendo el freno real de nuestro progreso.


Para ponerle la cereza al pastel a este tema: el momento en que nuestros representantes deciden, de una vez por todas, enfrentar alguno de los problemas profundos de nuestra nación para darle “soluciones”, terminan complicándolos aún más.


Quizás uno de los mejores ejemplos de aquello es la idea política de la reducción del tamaño del Estado, bajo la cual el Gobierno anterior generó fusiones de instituciones públicas, como si fuese algo tan sencillo como el mezclar ingredientes en una sopa. Hasta ahora, muchas de estas instituciones deben lidiar con esas trasformaciones que, en lugar de generar mayor eficiencia, terminan creando mayores incapacidades, e incluso más contrataciones en un sistema desordenado. Lo ideal sobre este tema debería ser la realización de estudios que permitan la optimización de los sistemas públicos en función del tipo de productos y servicios que deban generar, pero como esto puede llevar más años del periodo de poder, simplemente no se hace.


Para que no se cumplan las palabras que se atribuyen a nuestra santa Mariana de Jesús, en las cuales se vaticina que el país podría sobrevivir a todo, excepto a sus malos gobernantes, necesitamos que nuestros representantes empiecen a acordar un plan de país, independiente de sus banderas ideológicas, que nos permita empezar a trabajar en proyectos de largo plazo y así resolver los problemas estructurales de nuestros pueblos, ciudades y del país.


El encontrar una solución para Zaruma o alcanzar la optimización del tamaño del sector público requiere gobernantes que dejen sus ideas mesiánicas de refundar al país durante su tiempo en el poder, y en lugar de ello, trabajen en proyectos que puedan tener continuidad. Esa será la única forma de que el país avance y no se quede atascado en una serie de fallas que nunca encuentran respuesta.

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